La pandemia de la soledad: ¿por qué nos cuesta tanto estar encerrados?

Durante miles de años, nuestro cerebro evolucionó en comunidad, en constante interacción con otros. El adecuado desarrollo cerebral depende críticamente de nuestro entramado social, al punto que sin él su desarrollo ontogenético no puede desplegarse.

Por ello el distanciamiento choca brutalmente con nuestro instinto de conectarnos con otros. Las interacciones sociales ayudan a regular las emociones, lidiar con el estrés, y nos vuelven resilientes frente a las adversidades. Contrariamente, la soledad (percibida) y el aislamiento social empeoran los efectos del estrés, y aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares, inmunes, psiquiátricas y neurológicas. Las personas mayores que padecen más riesgo de contagio del coronavirus, son mucho más susceptibles al aislamiento.

Agustín Ibáñez, investigador asociado del Centro de Gerociencia, Salud Mental y Metabolismo (GERO).

Revisa la nota completa publicada en La Tercera: https://www.latercera.com/que-pasa/noticia/la-pandemia-de-la-soledad-por-que-nos-cuesta-tanto-estar-encerrados/HHYWAMYXIFDIFG4OXZWWE2WXKE/

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